¿Por qué se confunden estas dos palabras?

Escritas una junto a la otra, hiperlexia y dislexia parecen dos miembros de la misma familia. Las dos terminan en “-lexia”, las dos tienen que ver con la lectura, y muchas madres las oyen por primera vez en el pasillo del colegio o en un resultado de búsqueda. Es normal que se mezclen.

La confusión viene sobre todo de la expresión “problema de lectura”. Cuando oímos que un niño tiene una diferencia relacionada con la lectura, a casi todos se nos viene a la cabeza un niño que confunde letras y se salta renglones. Un niño con hiperlexia, en cambio, puede empezar a leer mucho antes de la edad habitual, muchas veces sin que nadie se lo enseñe. Lee carteles, etiquetas y envases uno tras otro. Con un niño así, nadie piensa en una diferencia de lectura. Y cuando le cuesta contar lo que ha leído, se le puede interpretar como “distraído” o “terco”.

A veces las dos aparecen en el mismo niño, y a veces se mencionan junto con otras diferencias, como el autismo o el TDAH. Por eso el maestro, el equipo de orientación y tú podéis pensar cosas distintas sobre el mismo niño. No ver la diferencia enseguida no es una falta tuya.

¿Qué es la dislexia?

La dislexia es una diferencia en la forma en que el cerebro procesa el texto escrito. Los niños con dislexia suelen tener una buena comprensión, mucha curiosidad y muchas preguntas. Si quieres una explicación más detallada, tienes nuestro artículo qué es la dislexia.

La dificultad suele empezar al asociar letras con sonidos. Un niño lee una palabra un día y al siguiente se atasca en esa misma palabra. Al verlo es muy natural pensar “no se fija” o “no se esfuerza”, pero en ese momento el niño suele estar dando todo lo que tiene. Descifrar la palabra le cuesta más energía que a los demás.

En casa puedes encontrarte con cosas como estas:

  • Tropiezos al leer en voz alta, saltos de renglón o palabras adivinadas
  • Confusión entre letras parecidas como b, d, p y q
  • Faltas de ortografía y la misma palabra escrita de formas distintas en una página
  • Cansancio rápido al leer y ganas de evitar la lectura

Ver una o dos de estas señales no dice nada por sí solo. Algunas aparecen en cualquier niño que está aprendiendo a leer. La diferencia está en que las dificultades duran mucho tiempo y no encajan con lo bien que el niño se desenvuelve en otras áreas. La evaluación la hace un profesional.

El niño con dislexia suele entender lo que lee. Si le lees un cuento, capta los detalles, opina y entiende los chistes. Donde se atasca es en descifrar la palabra y en escribir. Mantener el momento de lectura corto, agradable y sin presión protege su autoestima. Que tu hijo vaya por detrás en lectura no se debe a que tú hagas poco. En casa hay cosas pequeñas y concretas que sí puedes hacer.

¿Qué es la hiperlexia?

La hiperlexia se describe como la adquisición de la lectura mucho antes de lo esperado para la edad, muchas veces sin que nadie se lo enseñe. Un niño de cuatro años puede leer con fluidez los carteles del supermercado, los envases y las portadas de los libros. Su interés por las letras, las palabras y lo escrito también es marcado. La familia lo ve al principio como un gran logro y se enorgullece con toda razón. Si quieres leer más sobre el tema, tenemos el artículo qué es la hiperlexia.

La dificultad suele empezar después de leer. Algunos niños con hiperlexia leen un texto en voz alta a la perfección, pero cuando les preguntas “¿qué has leído, me lo cuentas?” les cuesta explicarlo. Otros van un poco por detrás de sus compañeros al hablar. Otros toman los modismos, las bromas o las indirectas al pie de la letra: oyen “se me heló la sangre” y de verdad se preguntan por su sangre. Jugar con otros niños y mantener una conversación también puede costarles a ratos.

La hiperlexia a veces aparece junto con el autismo, pero no todos los niños con hiperlexia son autistas. Además, su lugar en los sistemas de diagnóstico es objeto de debate, así que es más correcto hablar de “una condición descrita como hiperlexia”. Solo la evaluación de un profesional puede decidir si un niño la tiene. Este artículo y Kindlexy no diagnostican.

Si tu hijo lee tan bien que no notaste su dificultad para comprender, no es culpa tuya. Ante un niño que lee con fluidez, lo natural es pensar que también entiende el texto. Su capacidad de lectura es una fortaleza real. Lo que toca es sumarle apoyo en comprensión y en conversación.

¿Cuáles son las diferencias entre hiperlexia y dislexia?

La hiperlexia y la dislexia aparecen en puntos distintos de la curva de lectura del niño. La comparación siguiente se queda en lo que se puede observar en casa y muestra tendencias generales. Cualquier niño puede salirse un poco de estas líneas.

DislexiaHiperlexia
Lectura en voz altaEl niño puede atascarse, saltarse renglones o confundir letras parecidas.El niño puede leer con fluidez, incluso como una máquina. A veces sin que nadie se lo enseñe y mucho antes de lo habitual.
ComprensiónEl niño suele contar lo que leyó, pero descifrar las palabras lo cansa y puede llegar sin energía al final del texto.El niño lee correctamente, pero puede costarle responder a “¿qué has leído, me lo cuentas?”.
OrtografíaLas faltas de ortografía pueden ser notorias.La ortografía puede ser buena.
Uso del lenguajeSuele hablar con fluidez. Puede atascarse al buscar una palabra o al pronunciar palabras largas.Los modismos, las bromas y las indirectas pueden entenderse al pie de la letra. Mantener una conversación puede resultarle difícil.
Actitud ante la lecturaEl niño puede evitar leer y ponerse nervioso cuando le toca leer en voz alta.El niño puede mostrar un interés fuerte por las letras, los carteles y todo lo escrito.

Si resumimos la tabla en una frase, la dislexia se describe sobre todo como una dificultad para descifrar la lectura, y la hiperlexia como una dificultad para comprender y usar lo leído. Es una simplificación. Aun así, orienta a una madre que se pregunta “¿hiperlexia o dislexia?”.

La fila que más fácilmente pasa desapercibida es la de comprensión. La dificultad del niño con dislexia está a la vista de todos, porque se atasca al leer en voz alta. El niño con hiperlexia puede leer con tanta fluidez que lo ponen de ejemplo en clase. Es posible que el maestro y tú hayáis pensado “con la lectura no tenemos problema”. Si le preguntas “¿y qué pasó en el cuento?” a un niño que se leyó el libro de un tirón, la respuesta puede ser muy corta. A veces repite la frase leída tal cual. Descifra los sonidos muy bien, pero la parte de construir significado necesita un poco más de tiempo y apoyo. Para trabajar esa parte puedes probar la herramienta gratuita puente de comprensión.

Antes de buscar una etiqueta, ayuda fijarse en unas cuantas cosas en casa:

  • Después de leer una página, ¿puede contar el hecho principal con sus propias palabras?
  • ¿Cómo reacciona ante los modismos y los chistes?
  • Al escribir, ¿comete con frecuencia errores de letras y sílabas?
  • ¿Se acerca a la lectura por iniciativa propia o se echa atrás cuando le toca?

Apuntar las respuestas en notas breves durante una semana ayuda a que tú y el maestro veáis el cuadro con más claridad.

¿Pueden darse las dos en el mismo niño?

Pueden. Decirlo con certeza requiere la evaluación de un profesional, pero es posible que un niño sienta un interés fuerte por lo escrito y a la vez sufra con la ortografía o se canse al leer. En ese caso, algunas filas de la tabla encajan en una columna y otras en la otra. No hay nada raro en eso, porque la tabla describe tendencias, no a tu hijo.

Por la relación de la hiperlexia con el autismo, algunas familias hablan de las dos áreas a la vez durante la evaluación. No te asustes. La respuesta a “¿cuál es?” se aclara al final de la evaluación. Mientras esperas, la pregunta útil es “¿qué necesita mi hijo?”. Si necesita apoyo para descifrar, te centras en eso; si necesita apoyo en comprensión y conversación, en eso otro. Se puede empezar sin que la etiqueta tenga nombre todavía.

Cosas que puedes probar mañana en casa

Diagnosticar no es tu tarea, y tampoco tienes que resolverlo todo antes de mañana. Basta con un plan pequeño.

El primer paso es apuntar lo que ves. Vale una libreta o una nota en el móvil. ¿Dónde se atasca tu hijo al leer en voz alta, qué sabe contar después de leer, qué modismo interpreta de forma curiosa? Escríbelo con la fecha. Dentro de dos semanas tendrás ejemplos concretos en lugar de una inquietud difusa.

Para el niño al que le cuesta leer, reserva por las tardes una hora de lectura de diez minutos. Que sea corta y agradable. Leed por turnos, lee tú algunas páginas y de vez en cuando escuchad un audiolibro. Herramientas como texto a voz, que ayudan a descifrar las palabras, también sirven en ese rato.

Al niño que lee con fluidez pero le cuesta contar, hazle dos preguntas sencillas después de leer: “¿Quién salía?” y “¿Qué crees que pasará después?”. Si no contesta, no insistas; miradlo juntos en la ilustración y responded a la vez. Cuando aparezca en el texto un modismo como “se le hizo la boca agua”, párate y hablad de lo que quiere decir. Escribir los sucesos del cuento en tarjetas y ordenarlos también alivia la parte de comprensión.

En ambos casos, dile en voz alta a lo largo del día lo que se le da bien. Si le gustan las letras, usa esa curiosidad; si dibuja, pídele que dibuje el cuento. Que no sienta vergüenza cuando le cuesta algo te sirve más que su progreso.

Cómo prepararte para hablar con el colegio y con el especialista

Habla con el colegio pronto. Enseña tus notas al maestro y pregúntale qué ve en clase. Si el maestro o el equipo de orientación proponen una evaluación, no es una acusación. Es un paso para ver qué necesita el niño. La evaluación la hace el equipo de orientación educativa o un profesional del área. Ellos pueden decir qué situación corresponde; un artículo de blog no puede.

Ve a la reunión con tus notas, con frases de ejemplo y con las preguntas que quieras hacer. Frases concretas como “aquí se atasca al leer” o “lee, pero al preguntarle no sabe contarlo” le facilitan el trabajo al especialista. Si en tu hijo ves a la vez lectura fluida y dificultad para contar, o si le cuesta descifrar y además se atasca con el lenguaje, dilo todo junto en la reunión. Tu hijo llegará antes al apoyo que necesita.

Tu hijo no es vago y tú no eres insuficiente. Entender la diferencia es el primer paso para encontrar el apoyo adecuado.

Esta tarde abre las notas de observación gratuitas y apunta, con su fecha, tres ejemplos de los momentos de lectura de tu hijo.